
El hito de Jiuzhang: El día que China redefinió la supremacía cuántica fotónica
Desde nuestra posición en 2026, con procesadores cuánticos ya integrados en nodos específicos de la industria farmacéutica y financiera, es esencial echar la vista atrás para entender cómo llegamos aquí. Uno de los pilares fundamentales de esta era fue, sin duda, el desarrollo de Jiuzhang por parte del equipo liderado por Pan Jianwei en la Universidad de Ciencia y Tecnología de China (USTC).
El amanecer de la supremacía fotónica
A finales de 2020, el mundo tecnológico recibió una noticia que sacudiría los cimientos de la computación. Mientras que Google había reclamado la supremacía cuántica en 2019 con su chip Sycamore (basado en circuitos superconductores), el equipo chino presentó Jiuzhang, un prototipo que utilizaba muestreo de bosones gausianos (GBS) a través de pulsos láser y redes interferométricas. Este enfoque fotónico no solo fue una alternativa técnica, sino una demostración de fuerza que operaba a una escala de magnitud asombrosa.
Para ponerlo en contexto histórico, Jiuzhang logró resolver en poco más de tres minutos una tarea de muestreo que a la supercomputadora más rápida de aquella época, la Sunway TaihuLight, le habría tomado cerca de 2.500 millones de años. No estábamos ante una mejora incremental; estábamos ante una ruptura total del paradigma clásico.
¿Por qué fue tan relevante el enfoque de Jiuzhang?
A diferencia de los enfoques superconductores que requieren temperaturas cercanas al cero absoluto (-273°C) para funcionar, la computación cuántica fotónica de Jiuzhang demostró ventajas críticas que hoy, en 2026, son la base de muchas de nuestras redes de comunicación cuántica:
- Escalabilidad interferométrica: El uso de fotones permitió explorar una arquitectura que, aunque específica para ciertos algoritmos, mostraba una coherencia excepcional.
- Velocidad de procesamiento: La capacidad de detectar cientos de fotones simultáneamente validó la teoría de la ventaja cuántica en sistemas no universales.
- Diversificación tecnológica: Jiuzhang rompió el monopolio de los qubits superconductores, impulsando una inversión masiva en fotónica que hoy sustenta la incipiente Internet Cuántica.
El camino hacia Jiuzhang 2.0 y 3.0
La historia no se detuvo en aquel primer hito. En los años siguientes (2021-2023), vimos cómo la arquitectura evolucionó rápidamente. Jiuzhang 2.0 incrementó la complejidad del sistema, y para cuando llegó la versión 3.0, la capacidad de detección de fotones había escalado a niveles que hacían que cualquier comparación con la computación binaria tradicional fuera, simplemente, irrelevante.
Desde el presente, vemos a Jiuzhang no solo como un experimento de laboratorio, sino como el catalizador que obligó a las potencias tecnológicas a acelerar sus hojas de ruta. Fue el momento en que la computación cuántica dejó de ser una promesa académica para convertirse en una cuestión de soberanía tecnológica nacional.
Legado en la historia de la computación
Hoy, en 2026, cuando utilizamos algoritmos cuánticos para optimizar rutas logísticas globales o plegamiento de proteínas, recordamos el hito de Jiuzhang como el experimento que demostró que la luz —los fotones— era un vehículo tan capaz como el silicio o los metales superconductores para procesar la información del universo. China no solo alcanzó la supremacía; definió una nueva forma de entender la realidad computacional.


